El aislamiento hospitalario es una medida esencial en la prevención de infecciones asociadas al cuidado de la salud. Su objetivo es interrumpir la cadena de transmisión de agentes infecciosos y proteger tanto a los pacientes como al personal sanitario.
Existen tres modalidades principales:
- Aislamiento de contacto
- Recomendado en casos de bacterias multirresistentes como KPC, MRSA o VRE.
- Incluye uso obligatorio de guantes y camisolín al ingresar a la habitación.
- Todo material debe ser exclusivo del paciente, evitando su uso compartido.
- Aislamiento respiratorio (aerosoles)
- Indicado en enfermedades como tuberculosis, sarampión o COVID-19.
- Requiere habitación individual con presión negativa o, en su defecto, buena ventilación natural.
- Es indispensable el uso de respiradores N95 o equivalentes, además de protección ocular.
- Aislamiento por gotas
- Utilizado en patologías como influenza, meningitis y tos convulsa.
- Se requiere barbijo quirúrgico y mantener una distancia mínima de 1 metro.
- El personal debe utilizar protección ocular al realizar procedimientos que generen salpicaduras.
El incumplimiento de estas medidas no solo expone a contagios, sino que también genera responsabilidad legal, ya que existen normativas nacionales e internacionales que establecen su obligatoriedad.
📖 Referencia:
Organización Panamericana de la Salud. (2020). Prevención y control de infecciones en servicios de salud. OPS/OMS.
